Reviews y Textos


El Velo de la Memoria

María Carolina Baulo 2021

“En cuanto a las heterotopías propiamente dichas, ¿cómo podríamos definirlas, en qué consisten? Podríamos suponer no tanto una ciencia, un concepto tan prostituido en este tiempo, como una especie de descripción sistemática que tendría como objeto, en una sociedad dada, el estudio, el análisis, la descripción, la «interpretación», como gusta decirse ahora, de esos espacios diferentes, de esos otros espacios, una suerte de contestación a un tiempo mítica y real del espacio en que vivimos: descripción que podríamos llamar la heterotopología”. Michel Foucault, “Des Espaces Autres”, 1967*

El análisis de Michel Foucault sobre Los Espacios Otros, no puede ser más acertado cuando uno trata de acercarse al trabajo de una artista que sistemáticamente aborda esa delgada línea entre lo real y lo aparente, lo que se muestra y lo que se oculta, lo que está y lo que se insinúa, lo que permanece y lo que se desvanece, los espacios físicos y psíquicos "en tránsito". No quiero dar aquí una enumeración de series y obras

https://www.scribd.com/document/517241819/El-Velo-de-la-Memoria-Por-Maria-Carolina-Baulo


Spectral Memory. Sculpture Magazine

María Carolina Baulo 2021

https://drive.google.com/file/d/1yfRWjtIBfI-CUGrwcSSyl3NsfmItGDX5/view?usp=sharing
What to remember and how to remember: these are the key concerns in Liana Strasberg’s work, which unearths and reworks images and symbols from the past in order to create what the Argentinian artist calls a “new memory file.”

Strasberg takes a critical view of social and political issues, as well as historical narratives, reframing them through the lens of physical and psychological suffering. Drawing on her own memories, she translates the private into the public; her works flesh out absences and encourage viewers to re-examine personal recollection while building collective memory together. In many works, the female body becomes the protagonist in an alternative drama exploring exile and displacement, identity and fragmentation, manipulation, abuse, and loss. Created from a variety of materials, including resin, rubber, steel, and artificial blood, Strasberg’s sculptures and installations attempt to visualize what we often cannot or will not see—and what we cannot, therefore, remember—making it a necessary foundation for rethinking the present and the future.

María Carolina Baulo: Though your work refers to various bodies, individual and collective, the female body is fundamental—a territory of struggle, resistance, and overcoming. Could you talk about your approach to this powerful imagery?
Liana Strasberg: The notion of the collective body has always been present in my work. In my paintings from the late ’80s and ’90s, the body appears as an anonymous mass, migrant bodies only recognizable as a whole . . .

https://drive.google.com/file/d/1yfRWjtIBfI-CUGrwcSSyl3NsfmItGDX5/view?usp=sharing


"Huellas vacías"

Irene Jaievsky 2014

Exposición en la Sala del Consulado Argentino en Nueva York.

{{}}Hay objetos en nuestras vidas cotidianas que se impregnan de nuestras huellas, a los que marcamos con nuestro uso, los moldeamos según nuestras costumbres. Nos pertenecen porque “hablan” de nosotros y cuentan parte de nuestra historia de vida. Son una especie de testimonio. Esos objetos, finalmente, quedarán como un recuerdo “viviente” de nosotros mismos.
Las últimas producciones de Liana Straberg tienen su eje fundante en esta clase de objetos, los que hablan por sí mismos a partir del uso que se les ha dado y los rastros que dejan ciertas situaciones en particular.
Hablamos de una ausencia-presencia a través de la vestimenta que trasciende a la persona misma.
En el Museo del Holocausto de Buenos Aires, en donde presentó su última muestra, el protagonismo lo tuvieron los zapatos, aquellos que con las huellas del uso dieron cuenta de rasgos sociales, su relación con las historias personales de sus dueños y cómo en esa circunstancia formaron parte de los registros de la historia.
Desde una valoración semiótica, y sumado al hecho estético-visual, las obras que ahora Liana Strasberg nos presenta y que forman parte de su última producción, nos permiten analizar el atuendo como condicionante, en muchos aspectos, aún con nosotros mismos.
Esta exhibición nos descubre frente a diferentes situaciones por las que pasamos cotidianamente, tanto sociales, como laborales, religiosas, culturales y, sobre todo, de interacción personal.
La interfaz entre la prenda y la piel del usuario es donde encontramos los pliegues que actúan como registro de ese diálogo intrínseco, lugar de convivencia significativa que tanto nos define como seres de culturas y costumbres particulares, con la carga emocional que eso conlleva.

Irene Jaievsky
2014
Women’s Museum Curator
Holocaust Museum ex-curator


Una muestra en el Centro Cultural Borges

El permanente renacimiento de la práctica del grabado

Ana María Battistozzi

Mientras se conmemoran los 40 años del Museo Nacional de Grabado, coincidentemente, un grupo de jóvenes artistas que exponen en el Centro Cultural Borges, renuevan y amplían el horizonte en que tradicionalmente se han movido las artes gráficas.

Es bueno recordar en ese sentido que tiempo después de haber obtenido el Premio Grabado en la Bienal de Venecia de 1962, Berni comentó que en realidad, más que a los grabados presentados, aquel premio iba dirigido a la totalidad de su obra. Sólo que el jurado, años después de haber consagrado al arte abstracto, no se había animado a premiar una figuración como la suya que mezclaba pintura y desperdicios.

Pero lo cierto es que aquellos grabados ya daban cuenta del desborde de recursos que el artista puso en juego para renovar la práctica del grabado, una empresa en la que lamentablemente tuvo pocos seguidores. Berni forzó todos los registros en que trabajó, alteró el sporte, utilizó imágenes ajenas e incurrió en una serie de audacias que pocos imitaron. Se diría que recién ahora, que se ha llegado a comprender que el material más importante del arte contemporáneo es la propia imagen, los artistas demuestran mayor audacia para forzar las tecnologías de impresión en pos de nuevos horizontes simbólicos.

Los audaces hoy

Esto es lo que hace desde hace años Graciela Sacco con la heliografía y lo que logran en este caso los artistas que integran la muestra Creencias y Cmportamientos del Borges con la fotoserigrafía.

El grupo, que fue seleccionado por la artista Matide Marín, participó durante el año pasado del Programa de Arte Latinoamerica de la Universidad de Nueva York que dirige el uruguayo Rimer Cardillo. Los trabajos exhibidos dan cuenta de las infinitas derivaciones poéticas que se puede lograr a través del uso de imágnees ya existentes.

Por ejemplo, Lorena Vázquez y Juan Canavesi, que trabajan fragmentos del cuerpo impresos sobre distintos soportes a escalas diversas. O Telma Castro y Sonia Cortés, que imprimen imágenes de distintas procedencia y sugieren espacios exteriores y tiempos interiores. Trozos de piel de oveja, un vestido, una chapa de bronce, de aluminio, cartón o simplemente papeles sirven de soporte a esas impresiones. A menudo articuladas en el espacio a la manera de instalaciones, esas imágenes acuñan sentidos diversos cuyo denominador común es el comienzo de una aprtura hacia nuevos derroteros de la mirada.

Cuarenta años

Para muchos la historia del Museo del grabado no es otra cosa que la historia del empeño y la obstinación de un matrimonio de más de 50 años: los Pécora.

Fue en 1960 que el profesor de dibujo Oscar Pécora y su esposa Irene tomaron la decisión de armar un museo dedicado al grabado cuando aún dirigian la galería Plástica en la calle Florida.

Por entonces en protagonismo que había alcanzado la pintura en el siglo pasado, había confinado al grabado a la condición de arte menor. El matrimonio Pécora desafió esos prejuicios; reunió obra, convocó artistas y organizó muestras que sentaron las bases del museo que hoy puede ser visitado en la calle Defensa.

En 1976, cuando cerró la galería que dirigía, los Pécora donaron al Museo, que aún no contaba con domicilio fijo, 15 mil grabados originales, 3.500 libros de arte, tacos de impresión y herramientas. La donación fue aceptada por el Estado nacional recién siete años después y durante largo tiempo el museo deambuló por distintos espacios hasta que finalmente se instaló en la antigua casona colonial que hoy ocupa en Defensa 372.

Allí se pueden ver hoy grabados originales de varias generaciones de artistas argentinos. Entre ellos, Pettoruti, Sergio Sergi, Victor Rebufflo, Antonio Seguí y Liliana Porter. Pero además en estos momentos se exhiben algunas perlas: un grabado de Pablo Picasso, un libro de Rafael Alberti dedicado al matrimonio y una serie de afiches originales de Calder, Leger, Miró y Dubuflet.

Museo Nacional del Grabado: Defensa 372.


Exponen en EEUU jóvenes grabadores de todo el país

New Paltz está enclavada el espactacular valle del río Hudson, rodeada de montañas y bosques. Allí se encuentra uno de los campos de la Universidad de Nueva York donde se reunieron durante un mes 17 artistas de nuestro pais seleccionados por la destacada grabadora Matilde Marín, a través de su taller Gráfica Contemporánea, y el director del programa, el artista uruguayo Rimer Cardillo.

Creemos que estamos frente a una nueva generación de grabadores, la mayoría nacidos en los 60 que, en primer lugar y haciendo honor a generaciones precedentes, tienen un nivel técnico indiscutible. Pero es precisamente la gran cantidad de recursos con los que se ha enriquecido el grabado contemporáneo lo que les permite liberarse de todas sujeción técnica.

Sin folckore

Pertenecientes a diversas regiones de la Argentina, están despojados de todo folcklorismo y a pesar de cierto distanciamiento generaciones en la manera de presentar sus imágenes, se encargan de señalar su pertenencia al lugar de origen.

Así, cada una de estas obras es autoreferencial, una suerte de autoretrato con el que, a nuestro parecer, se involucraron emocionalmente, y que cumple con el concepto del programa fundamentado en las motivaciones y experiencias personales.

Mónica Alvarado (1967, Tierra del Fuego) tiene una imagen poética antropológica, una búsqueda de la escencia de las etnias nómades fueguinas en técnicas serigráficas de refinada levedad.

Juan Canavesi (1960, Córdoba), una obra de connotaciones fisiológicas con el exvoto como eje y aunque confiesa despojarse de lo anecdótico emocional, esto se transmite al contemplador.

La Torre de Babel / Papel invertida que quiere alcanzar la Tierra de Otilio Carrigue (1951, Salta), funciona a manera de instalación en un intento por establecer un acercamiento entre los seres humanos. El laberinto es un tema muy convocante para los artistas. En papel serigráfico con troquelado, Telma del Carmen Castro (Tigre) elabora una refinada visión del laberinto interior que es hombre.

Sonia Cortez (1957, Rio Gallegos) parte de la fotografía de construcciones abandonadas y trabaja sus fragmentos con placas solares. Así logra que esas construcciones conserven vida a través de la pátina del tiempo. Son muy elocuentes los pies que transmiten vivencias en contacto con la tierra, serie titulada "Camino" de Mariela Constant (1949, La Plata), serigrafía fotográfica con intervenciones gráficas.

María C. Elorriaga (Coronel Suarez), conocedora de los Códigos Mayas de la Cuarta Dimensión, trabaja en dos planos, un fondo irreal con un objeto identificable en el que suponemos están guardados dichos códigos.

Imágenes mínimas relaciones con la cultura mbyá-guaraní, objetos emblemáticos o animalitos de la zona, la xilografía-serigrafía de María B. Yturralde (1967, Misiones) remiten a indicios, leves rastros, poéticamente plasmados de esa cultura. En "Relámpago IV", María L. Destéfano (Santa Fe) interpreta la poesía del escritor santafesino Alvaro Costa, en la que trata la historia de un suicidio múltiple. El texto, atravesado por la imagen del título, es el soporte de una obra que puede ser leída tanto plástica como verbalmente; "Autorretrato", de Diana Kleiner (Santa Fe), constituye una muy emocional instalación autobiográfica, serigrafía fotográfica, previo paso por la computadora, de una carta que les escribió su padre al cumplir dos años, además de un vestido serigrafiado.

Sobre papeles muy finos, utilizados comúnmente para hacer barriletes, xilografías fotografiadas con impresión serigráfica. Alicia Diez Laraia (Neuquén) presenta la serie "NIñez II" que alude a la infancia y sus derechos no siempre respetados. Una combinación de textos e imágenes rupestres, serigrafía y metal de Cecilia Luque (1966, Córdoba) de gran calidad plástica, reveladora de su crecimiento artístico.

Caja de recuerdos

¿Quién no tiene una caja donde se guardan recuerdos, fotos, cartas, objetos añorados y que a veces se abre para reencontrarse con el pasado? En épocas de clonación, despiertan ternura esos pedacitos de piel con impresiones sobre el cuero "Balar de ovejas", instalación de Bettina Muruzábal (1967, Santa Cruz). Lorena Vázquez (1974, Buenos Aires) fotografiado s/lienzo, fragmentos esparcidos sobre el piso que aluden a la fragilidad de lo que nos rodea en el orden material y espiritual. Adriana Opacak (1959, Santa Cruz) en su calidad de fotógrafa y grabadora, revalorizó un objeto, una silla en este caso, dejando su impresión en el asiento, señalando que estos objetos "existen antes de nosotros y pueden llegar a sobrevivir".

Liana Strasberg (1962, Benos Aires) plantea una obra inacabada con referencias a la muerte, a la violencia, como si la historia nada hubiera enseñado.

Después de su clausura el 17 de febrero "Creencia y comportamientos" será exhibida en distintos museos culturales del país.


Diario Clarín: Obra urbana de una artista argentina

2011

[rojo]Un muro de los deseos en las calles de Nueva York[/rojo]

La Speaker’s Corner de la calle 14, en Union Squarem es un espacio donde históricamente los ciudadanos podían manifestar sus ideas sin censura. Y fue el lugar elegido por la artista argentina Liana Strasberg para instalar su proyecto Union Square Wall como parte del festival Art in Odd Places (Arte en lugares extraños). Allí construyó una pared con cajas de madera, entre cuyas rendijas los transeúntes podían dejar papeles con sus deseos y pedidos, como un modo de extrapolar al ámbito urbano el tradicional rito del Muro de los Lamentos. La idea es que luego sean leídos en público con un megáfono, para conectarlo con la historia del lugar donde fue instalado.

https://ritual.artinoddplaces.org/artist.php?subj=103


Albino Diéguez Videla

[azul]Vivir pensando[/azul]

Me surge naturalmente el título de estas líneas porque ellas son escritas en un final de siglo absolutamente negado al pensamiento. No me refiero sólo al pensamiento profundo, sino al que se desarrolla con naturalidad cotidiana.

Esa falta de pensamiento revela un desinterés que –sobre todo lo testimonian los medios de comunicación- está escalonado en todos los niveles de la vida.

La idea de lo dicho nace, por una estimulante oposición, desde las pinturas de Liana Strasberg, porque lo primero que ellas nos proponen es un pensamiento: su dirección queda en libertad de los contempladores. En Strasberg, la visión artística provoca una actividad intelectual, hecho nada corriente en la plástica de esta época. Sus pinturas son el detonante para un pensamiento que puede centrarse primero en el hombre y, luego, en la violencia. El hombre –siempre el mismo- es el causante de los desvaríos violentos, por lo cual esa “razón de la sinrazón” lo describe como un ser dispuesto a la crueldad sistemática.

Las secuencias que Strasberg ha pintado en la década que corre –“Primavera de Praga”, “1939”, “Octubre Rojo”, “China del 33”, “La escalinata de Odessa”, “Acorazado Potemkin”, “Stalingrado”, “Guerra del Golfo”, “El Salvador”- describen hechos violentos producidos y protagonizados por el hombre. Él es el que está en esas pinturas en las que no se encuentra ningún sesgo político porque su razón de existencia es testimonial.

Lo más curioso de estas telas es que provoquen un pensamiento parecido –y siempre sobre el hombre- al que comunican las telas de Cándido López, tan alejado de Strasberg en el tiempo y en la metodología estética.

Delante de las alargadas pinturas de López uno reflexiona sobre la mencionada “Razón de la sinrazón” y lo mismo pasa cuando se recorren las de Strasberg. Hay en ambas producciones artísticas algo que excede a la obra de arte: es la milagrosa inducción a un pensamiento concreto. Este señala con dureza una realidad, la que vivimos desde que el hombre aprendió a dominar al hombre.

Pocas veces las situaciones históricas convertidas en argumento plástico conmueven como en el caso de Liana Strasberg, porque ella –como lo hizo Cándido López- se limita a pintar un hecho y a describirlo y, al hacerlo, le da a la obra de arte una dirección que se liga a la conciencia del contemplador.

En una época en que las noticias dramáticas ocupan en los medios el mismo lugar que las más frívolas, las telas de Strasberg se yerguen como mojones de la historia que, inconscientemente, protagoniza el hombre. Siempre el mismo; siempre el productor de esa “Razón de la sinrazón” que es una suerte de castigo cíclico asumido.

El color atemperado, la composición de ejemplares perspectivas, ayudan a que la conmoción de lo que muestra Liana Strasberg se transforme en acontecimientos visuales que se comprenden desde los recuerdos de la conciencia. Desde ella aparece el pensamiento, ese compañero humano postergado, o decididamente olvidado. El pensamiento –y la perplejidad que puede seguirlo- se activa como una catarsis desde estas obras de desesperada esperanza en el hombre.

[azul]Albino Dieguez Videla[/azul]
De las asociaciones Argentina e Internacional de Críticos de Arte


Nicholas Bergman

El arte, la pintura en particular, es un excelente medio a través del cual dar expresión a la crueldad socio-política. Mientras que con otros medios, las escenas de las muertes debido a las guerras pueden causar rechazo, con la pintura, cuando es aplicada con destreza sobre una tela, pueden resultar seductoras. Por tal motivo, la pintura puede focalizar la atención del espectador cuando la artista logra hacer comprender su mensaje. Las composiciones de Liana Strasberg son ciertamente potentes en su protesta contra la violencia, particularmente cuando las víctimas son mujeres y niños, como es el caso, pero están concebidas, en primer lugar, en términos artísticos.

La inclusión de fotografías y de imágenes pintadas en la misma tela es un recurso engañoso, porque la exactitud y la riqueza del detalle de la foto pueden hacer parecer a la imagen pintada ambigua y simplista. Strasberg desafía esto evitando deliberadamente el detalle y la exactitud en la pintura y enfatizando el dibujo conciso.

Las fotografías son presentadas como documentos para testimoniar las imágenes dibujadas de eventos desagradables. La metodología de la artista es alternar detalles anónimos, que no son en sí mismo perturbadores, como el detalle ampliado de los pies o de las manos de una persona, con una gran fotografía de una víctima específica. Las tragedias individuales están confrontadas con terribles eventos.

Strasberg nunca expone al espectador a actos violentos. Los tanques no están disparando y no hay sangre ni muerte. Más bien, ella muestra el entorno siempre presente de odio y violencia, que es mucho más terrible que los actos en sí mismos. Prisioneros con miradas de resignada angustia hablan más elocuentemente de la guerra en la que están atrapados que de las batallas en sí mismas. Su objetivo es humanizar la miseria anónima de la guerra y los conflictos étnicos.

[rosa]Nicholas Bergman[/rosa]
Galerista


Irene Jaievsky

[rosa]Cómo volver sobre nuestros pasos?[/rosa]

Cómo volver a hablar de estos temas sin caer en las frases de siempre, en las pesadas e inexorables preguntas. Cómo generar en nosotros y en los que nos rodean esa conmoción frente a ciertos temas irresolubles del pasado, todavía inexplicables en nuestro presente.

Acompaño a Liana Strasberg en la búsqueda de algunas respuestas.
Dicha búsqueda se centra en el objeto, en la evidencia, la que restituye la memoria, la que da presencia a la identidad perdida.

Los símbolos, en este caso los zapatos, vaciados del contenido práctico cotidiano, quedan impregnados de significados metafóricos. Son instalaciones plenas de carga histórico-filosófica que cumplen con un legado: la reactualización de la mirada.

Es allí que se cumplimenta el abordaje necesario, que Liana logra utilizando canales generacionales compatibles, para que a través de mecanismos de percepción estos temas hoy nos acerquen a un compromiso moral y emocional.

Somos los últimos testigos presenciales de los testimonios de aquellos que han vivido estas situaciones de terror y pueden contarlo.
Son los artistas como Strasberg los que quedan comprometidos con la tarea de anclar por medio de sus obras los hechos en nuestra memoria y en las de futuras generaciones.

[rosa]Irene Jaievsky[/rosa]
Curadora Museo de la Mujer
Ex curadora Museo del Holocausto
Bs. As., Junio 2011